CARTIER-BRESSON, HENRI:

Fotografiar del Natural.

Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 2003.

 

 

Fotografiar del natural

 

(...)Fotografiar es retener la respiración cuando todas nuestras facultades se conjugan ante la realidad huidiza; es entonces cuando la captación de la imagen supone una gran alegría física e intelectual.

 

Fotografiar, es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira.

 

En lo que a mí respecta, fotografiar es una manera de comprender que no puede separarse de los otros medios de expresión visual. Es un modo de gritar, liberarse, no de probar ni de afirmar la propia originalidad. Es una manera de vivir.

 

(...)El aparato fotográfico es para mí un cuaderno de esbozos, el instrumento de la intuición y la espontaneidad, el dueño del instante que, en términos visuales, cuestiona y decide a la vez. Para significar el mundo, hay que sentirse implicado con lo que el visor destaca. Esta actitud exige concentración, disciplina del espíritu, sensibilidad y sentido de la geometría. La simplicidad de la expresión se consigue mediante una gran economía de medios. Hay que fotografiar siempre partiendo de un gran respeto por el tema y por uno mismo.

 

(...)

El budismo no es ni una religión ni una filosofía sino un medio que consiste en dominar el espíritu con el fin de acceder a la armonía y, por compasión, ofrecérsela a los demás.

  

 

El instante decisivo (1952)

 

El reportaje

 

(...)Los elementos del tema que hacen saltar la chispa son a menudo dispersos; uno no tiene derecho a juntarlos a la fuerza, ponerlos en escena sería una falsedad: de ahí la utilización del reportaje; la página reunirá esos elementos complementarios repartidos en varias fotos.

 

El reportaje es una acción progresiva de la mente, del ojo y del corazón para expresar un problema, para fijar una acontecimiento o impresiones sueltas. Un acontecimiento tiene una riqueza que uno le va dando vueltas mientras se desarrolla. Se busca la solución. A veces se halla al cabo de unos segundos, otras se requieren horas o días; no existe la solución estándar; no hay recetas, hay que estar preparado como en el tenis. La realidad nos ofrece tal abundancia que hay que cortar del natural, simplificar, aunque ¿se corta siempre lo que se debe? Es necesario adquirir, con el propio trabajo, la conciencia de lo que uno hace. A veces se tiene la sensación  de que se ha tomado la fotografía más fuerte y, sin embargo, sigue uno fotografiando, incapaz de prever con certeza cómo seguirá desarrollándose el acontecimiento. Mientras tanto, evitaremos ametrallar, fotografiando deprisa y maquinalmente, para no sobrecargarnos con esbozos inútiles que atestan la memoria y perjudican la nitidez del conjunto.

 

La memoria es muy importante, memoria de cada fotografía que, al galope, hemos tomado al mismo ritmo que el acontecimiento; durante el trabajo tenemos que estar seguros de que no hemos dejado agujeros, de que lo hemos expresado todo, puesto que luego será demasiado tarde, no podremos recuperar el acontecimiento a contrapelo.

 

Para nosotros existen pues dos selecciones y, por lo tanto, dos reproches posibles; uno cuando nos enfrentamos a la realidad con el visor, otro, cuando las imágenes están reveladas y fijadas y se ve uno en la obligación de separar aquellas que, aunque justas, son también menos fuertes. Cuando es demasiado tarde se sabe exactamente por qué se ha fallado. A menudo, durante el trabajo, una duda, una ruptura física con el acontecimiento nos crea la sensación de que no hemos tenido en cuenta tal detalle en su conjunto; otras veces, con bastante frecuencia, el ojo se ha dejado ir con indolencia, la mirada se ha vuelto vaga. Es suficiente.

 

En cada uno de nosotros es nuestro ojo el que inaugura el espacio que va ampliándose hasta el infinito, espacio presente que nos impresiona con una mayor o menor intensidad y que se encerrará rápidamente en nuestros recuerdos y se modificará en ellos. De todos los medios de expresión, la fotografía es el único que fija el instante preciso. (...)

 

(...)Es preciso aproximarse al tema de puntillas, aunque se trate de una naturaleza muerta. Sigiloso como un gato, pero ojo avizor. Sin atropellos, “sin levantar la liebre”. Naturalmente nada de fotos de magnesio, por respecto a la luz, aunque esté ausente. De los contrario el fotógrafo se convierte en un ser insoportablemente agresivo.

  

El tema

 

¿cómo negar el tema? se impone. Y puesto que hay temas tanto en lo que ocurre en el mundo como en nuestro universo personal, Basta con ser lúcido respecto a lo que ocurre y ser honesto respecto a lo que uno siente. En definitiva, basta con situarse en relación a lo que se percibe.

 

El tema no consiste en recolectar hechos, ya que los hechos en si mismos no ofrecen interés alguno. Lo importante es escoger entre ellos; captar el hecho verdadero con relación a la realidad profunda.

 

(...)es el acontecimiento, a partir de su misma función, lo que provoca el ritmo orgánico de las formas.

 

En cuanto a la manera de expresarse, hay mil y una maneras de destilar lo que nos ha seducido. Dejemos pues a lo inefable toda su frescura, y no volvamos a hablar de ello...

 

La composición

 

Para que un tema posea toda su identidad, las relaciones de forma deben estar rigurosamente establecidas. Se debe colocar la cámara en el espacio en relación al objeto, y ahí es donde empieza el gran dominio de la composición. La fotografía es para mí el reconocimiento en la realidad de un ritmo de superficies, líneas o valores, el ojo recorta el tema y la cámara no tiene más que hacer su trabajo, que consiste en imprimir en la película la decisión del ojo. Una foto se ve en su totalidad, de una vez como un cuadro; la composición es en ella una coalición simultánea , la coordinación orgánica de elementos visuales. No se compone gratuitamente, se precisa, de entrada, tener necesidad de ello y no se puede separar el fonde de la forma. En fotografía, hay una plástica nueva, función de líneas instantáneas; trabajamos en el movimiento, una especie de presentimiento de la vida, y la fotografía tiene que atrapar en el movimiento el equilibrio expresivo.

 

Nuestro ojo debe medir constantemente, evaluar. Modificamos las perspectivas mediante una ligera flexión de rodillas, provocamos coincidencias de líneas mediante un sencillo desplazamiento de la cabeza de una fracción de milímetro, pero todo esto, que sólo se puede hacer con la rapidez de un reflejo, nos evita, afortunadamente, la pretensión de hacer “Arte”. (...)La composición tiene que ser una de nuestras preocupaciones constantes, pero en el momento de fotografiar no puede ser más que intuitiva, ya que nos enfrentamos a instantes fugitivos en que las relaciones son móviles. Ni que decir tiene que todo análisis geométrico, toda reducción a un esquema, sólo puede producirse cuando ya está hecha la foto, cuando está revelada, cuando hemos sacado la copia y no sirve más que de materia de reflexión. Espero que no llegue el día en que se vendan los esquemas grabados sobre los cristales pulidos (...)

 

 

La técnica

 

Existe un verdadero fetichismo desarrollado en torno de la técnica fotográfica. Ésta debe crearse y adaptarse, únicamente, para realizar una visión; es importante en la medida en que debemos dominarla para que nos devuelva lo que vemos; lo que cuenta es el resultado, la prueba de certidumbre que deja la foto. Si esto no fuera así no pararíamos de describir todas las fotos que fallidas que sólo existen en el ojo del fotógrafo.

 

(...)El manojo de la cámara, el diafragma las velocidades, etc., tiene que ser un acto reflejo, como cambiar de velocidad en un coche, (...)

 

En la ampliación, hay que respetar los valores de la toma o, para restablecerlos, modificar la prueba según el espíritu que ha prevalecido en el momento de la toma. Hay que restablecer el equilibrio (...)

 

Los clientes

 

Para mí una fotografía es el reconocimiento simultáneo, en una fracción de segundo, por una parte del significado de un hecho y, por la otra, de una organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que expresan ese hecho.

 

Viviendo es como nos descubrimos, a la vez que descubrimos el mundo exterior; este mundo nos da forma, pero también podemos actuar sobre él. Debe establecerse un equilibrio entre esos dos mundos, el interior y el exterior que, en un diálogo constante, forman uno solo, y ése es el mundo que debemos comunicar.

 

Pero todo esto hace sólo referencia al contenido de la imagen y, para mí, el contenido no puede separarse de la forma; por forma entiendo una organización plástica rigurosa en virtud de la cual, únicamente, nuestras concepciones y emociones devienen concretas y transmisibles. En fotografía, esta organización visual no puede más que ser el fruto de un sentimiento espontáneo de los ritmos plásticos.

 

 

Sarah Moon

 

(...)En fotografía, como en otras cosas el instante es su propia pregunta y a la vez su respuesta. Lo que me apasiona y me guía en fotografía, es que el gesto y el espíritu coinciden. Ahí no hay dualidad ni regla. (...)

 

La segregación de la que es objeto la fotografía, el ghetto en el que ese mundo de especialistas la ha colocado, me disgustan. Los fotógrafos, los artistas, los artistas plásticos... Se tiene un sentido de ls plástica, o se posee un pensamiento conceptual. Que unos prefieran una cosa a la otra, no es mi problema. Mi problema es estar en la vida. captar el instante en su plenitud. El pensamiento aislado no me interesa. La fotografía es un oficio manual, moverse desplazarse... El cuerpo y el espíritu deben ser uno solo. (...)

 

 

Otros textos (1992)

 

Nunca he sentido por la fotografía en sí misma, sino por la posibilidad de captar (olvidándome de mí mismo)en una fracción de segundo, la emoción que el tema desprende y la belleza de la forma. En otras palabras una geometría desvelada por lo que se ofrece.

 

La fotografía es para mí, el impulso espontáneo de una atención visual perpetua, que atrapa el instante y su eternidad.

El dibujo, por su grafología, elabora lo que nuestra conciencia ha atrapado de ese instante.

La fotografía es una acción inmediata; el dibujo una mediación.

 

 

 

 

 

 

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