WILHELM, RICHARD:

I Ching. El Libro de las Mutaciones.

Círculo de Lectores. Barcelona 2001

 

 

 

Libro II.

 

Capítulo IV

 

1.       el libro de las mutaciones contiene la medida de cielo y tierra; por eso es posible abarcar y estructurar con él el sentido (tao) de cielo y tierra.

2.       Al contemplar con su ayuda, inteligentemente, dirigiendo la mirada hacia arriba, los signos del cielo, y dirigiendo la mirada hacia abajo, los lineamentos de la tierra, se reconocen las relaciones de lo oscuro y lo claro. Retrocediendo hacia los comienzos y siguiendo el curso de las cosas hasta su fin, se conocen las enseñanzas de nacimiento y muerte. La unión de simiente y fuera efectúa las cosas; la evasión del alma obra la modificación; gracias a ello se reconocen los estados o condiciones de los espíritus entrantes y retornantes.

3.       De este modo, al tornarse el hombre parecido al cielo y a la tierra, no entra en contradicción con ellos. Su sabiduría abarca todas las cosas y su sentido (tao) ordena el mundo entero. Por eso no comete ninguna falta. Obra por doquier, pero en ningún caso se arrebata, se apasiona. Disfruta del cielo y conoce el destino. De ahí que esté libre de preocupaciones. Está contento con su situación y es auténtico en su benevolencia. Por eso es capaz de ejercer el amor.

4.       En él (el libro) se encuentran las formas y los ámbitos de todas las configuraciones del cielo y de la tierra, de modo que nada se le escapa. En él se hallan todas las cosas de contorno, de modo que no falte ninguna de ellas. Por eso por su intermedio puede penetrarse en el sentido del día y la noche al punto de comprenderlo. Por eso el espíritu no está ligado a sitio alguno, y el libro de las mutaciones no está ligado a ninguna forma.

 

 

Capítulo V

 

1.        Aquello que hace surgir una vez lo oscuro y una vez lo luminoso, es el sentido (tao).

2.       como continuador es bueno. Como consumador cabal es la esencia.

3.       El bondadoso lo descubre y lo llama bondadoso. El sabio lo descubre y lo llama sabio. El pueblo lo utiliza cada día y nada sabe de él; pues el sentido del noble es infrecuente.

4.       Se revela como benignidad, más esconde sus efectos. Vivifica todas las cosas, mas no participa de las preocupaciones del sabio santo. Su modo soberano, su campo de acción, son lo más elevado que existe.

5.       Que él posea todo en plena riqueza, constituye su gran campo de acción. Que todo lo renueve diariamente, constituye su magnífica modalidad.

6.       Como engendrador de todo engendramiento se llama mutación.

7.       Como consumador cabal de las imágenes primarias se le llama lo cretivo; como reproductor se le llama lo receptivo.

8.       Como sirve para investigar las leyes del número y conocer así el futuro, se le llama la revelación. Como sirve para penetrar las modificaciones mediante nexos vivientes, se le llama la obra.

9.       Aquello que en él no pueda ser ponderado ni medido mediante lo luminoso y lo oscuro, se llama el espíritu.

 

 

 

 

 

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